Es verdad. Donde vivo mucha gente es cerda. No todo el mundo, claro está. Pero hay la suficiente gente cerda alrededor viviendo en mi pueblo como para que todas las calles estén llenas de mierda de toda clase todos los días del año. Hay cacas de perro en todas las aceras, todo el espacio es campo minado. No he visto jamás a ningún dueño recoger una caca aquí. Hay bolsas de patatillas, de supermercado, cajetillas de tabaco vacías, plásticos de todo tipo, servilletas usadas, papel de aluminio, cartones, maderas, colchones, sillas rotas… Y no sólo eso, también restos de comida, bocadillos a medio comer, lonchas de salchichón en medio de una acera, restos de pescado maloliente… En la calle o en la escalera de tu edificio, que aquí le dicen “finca”…
Lo más gracioso de todo, es que la gente aquí limpia las aceras. Es decir; no sólo hay barrenderos del ayuntamiento pasando como en cualquier otro lugar (barriendo a mano, con los maquinillos motorizados, el agua a presión, etc), sino que las señoras (muy raras veces o casi nunca señores) que limpian los portales (aquí los llaman “patios”) también se dedican a barrer y fregar el trozo de acera correspondiente al susodicho “patio”… Y además se friega todos los días…
Pero no sólo son cerdos porque sean sucios, aunque luego limpien compulsivamente; sino porque también son muy ruidosos. Yo creo que de los más ruidosos de España. Aquí lo normal es hablar a gritos entre la distancia, arrastrar mesas y sillas a cualquier hora y en cualquier lugar donde haya mesas y sillas; no tener la más mínima consideración con los vecinos. Martillar lo que sea a la hora que sea.
Los miércoles pasa el butanero para hacer el reparto. Pero aquí el reparto se hace a gritos. Si quieres una bombona, tienes que estar en casa a la hora que pasa el butanero y gritarle y hacerle señas desde el balcón o la ventana. Como se debía hacer en todas partes hace cincuenta años, pero en el año 2010 y en mi pueblo. No existe el pedido telefónico. Y aunque no quieras butano, todos los miércoles sabrás a qué hora pasa, porque pasará pitando y pitando y pitando una y otra vez el ruidoso claxon del camión; lleno siempre de bombonas hasta arriba. Piiiiiii pi-pi piiiiiiiii piiiiiiiiiii, piiiiiiiii piiiiiiiiiiiii!!!!!!!
Todos los días puede ocurrir que pase un coche dando vueltas con algún ruidoso bando del ayuntamiento. Al menos, todas las semanas pasa un par de veces, en horario de “máxima audiencia” (a la hora de comer, o de la siesta). ¿Qué anuncia? Normalmente anuncia que ha muerto alguien. Sí, eso mismo. Aquí se pregonan los muertos durante todo el año: ¡Atención, atención! Ha fallecido Eustaquio Pérez Fernández, el “Pasca”. El velatorio será en el tanatorio de (nombre de otro pueblo), y el funeral, mañana martes, a las 12:00 en el cementerio de (nombre del pueblo donde vivo). A veces anuncia otras cosas, como que ya se abrió el plazo para pedir la beca de material escolar, o que se pueden ver los censos para las elecciones. El día que anunciaron lo de las últimas elecciones, por cierto, en el mismo bando pregonaban después un muerto…
El cartero aquí viene cuando le da la gana. Como máximo (y si hay suerte), dos días por semana. Todo llega tarde. Fastidia especialmente ver cómo sistemáticamente te llegan las cartas de la oficina de empleo ofreciéndote oportunidades todas pasadas de la fecha límite. O cómo tardan semanas y semanas (a veces más de un mes) los paquetes que te envían. O cómo se quedan en la oficina de correos “descansando” estos paquetes durante un par de semanas, a la espera de que el cartero se le de por venir a traértelo… O por dejarte directamente el aviso como si hubiera hecho el intento y no hubieras estado en casa… Y cuando se alinean los astros, algunas ranas crían pelo y un cerdo vuela en Australia, tienes suerte y te timbra el cartero para traerte un paquete!!, eso sí, instándote a que bajes a buscarlo, que eso de subir escaleras es muy “cansao”. Una vez pillé al cartero dejándome el aviso en el buzón de un paquete que ya tardaba tres semanas (ni siquiera había timbrado, ni tampoco llevaba el paquete), y al bajar a llamarle la atención, me dijo: “Es que no me cabía en la moto”.
Cerca del pueblo hay espacios naturales muy bellos que también son frecuentados por la población de la gran ciudad cercana al pueblo. Da igual que haya enormes aparcamientos (casi siempre vacíos al 60%): A la gente le gusta aparcar en la puerta de los sitios, aunque tenga que ser invadiendo paseos peatonales, aceras o incluso el monte. Les gusta dejar su mierda en todas partes. No hay una panorámica, ni un sólo plano hacia el que se dirija tu mirada que esté libre de mierda reciente: Latas, bolsas, restos, latas, mierdas… Dejan mierda en familia, padres e hijos se divierten destruyendo la naturaleza, rompiendo ramas de árboles, tirando basura en cualquier sitio, espantando a los animalillos salvajes…
Aquí la sucesión cerdil está asegurada, ya que los niños también viven como cerdos. O al menos algunos, casi todos los que tengo cerca. (¿Será mala suerte? ¿Habrá esperanza? ¿Una luz al final del túnel?) Se acuestan a las tantas y campan a sus anchas. Corren por la casa de un lado a otro, juegan a golpearlo todo, a golpearse con todo, a tirarlo todo, a gritar. Son los cerditos de nueva generación. La que nos espera.
La gente anda pasamada. Con cara de tontolaba, van viendo pasar su vida de manera contemplativa y produciendo única y exclusivamente mierda.
En el supermercado, siempre hay señoras que se cuelan descaradamente, o que se ponen entre varias cajas para ver cuál libra antes. En los centros comerciales, todos son zombies con sobrepeso o con mermas intelectuales, o ambas cosas, pero inconscientes de sí mísmos. Van deambulando, en ocasiones, sin percibir lo que hay a su alrededor. Duermen, comen, cagan, mean, comen, comen, producen su dosis diaria de porquería, y duermen.
Trabajan, sí, es verdad. Los que no dedican su vida a zascandilear y a no dar un palo al agua, hacen el mínimo esfuerzo por subsistir. A nivel profesional, aquí no hay plazos para nada. No hay agobios. No hay espíritu. Todo puede esperar. (¿Se pué dejar pa mañana? ¡Pues pa mañana!.) Las cosas pueden ser para la semana que viene, pero tienes suerte si se acuerdan de que algún día les hiciste un encargo. Da igual a dónde vayas: Al taller del coche, al banco, al ayuntamiento, a la tienda, a la ferretería… Al final acabas confiando más en Carrefour que en ningún otro sitio, lo cual ya es bastante desesperanzador…
Con los vecinos que te toquen en este pueblo, podrías escribir un libro. Verás cómo no sólo te acosan con ruidos constantes que se cuelan con una facilidad pasmosa en tu hogar (pues las construcciones aquí también son de mierda), sino que esto sólo será el principio. Un día te caerá agua a chorro del aire acondicionado del de arriba a tu balcón. Y, por supuesto, como no avises, será como si no estuviera ocurriendo nada. Otro día tendrás goteras por una chapuza de tus vecinos, que resolverán después de meses y que te arreglarán después tarde, mal y a rastro. Y por supuesto, teniendo tú siempre que ir a “recordar” las cosas, porque aquí todo se olvida fácilmente. Otro día caerá pintura por una ventana (travesuras de los niños), otro día un nuevo inquilino hará por su cuenta agujeros y agujeros en la azotea para poner chapuceramente una parabólica a ras del suelo y tirando el cable todo por medio, justo donde tiendes la ropa. Otro día caerá un ladrillo a un coche aparcado misteriosamente de madrugada, y tu comunidad decidirá pagarle el arreglo para no ir a juicio, ya que les han denunciado… Si tienes sentido común, estás solo. Serás como uno más de la familia de cada uno de tus vecinos. Les oirás reír, llorar, gritar, darse golpes, hacer la comida, ir al baño, escuchar sus discusiones, su mediocridad cotidiana, su incapacidad para educar a sus hijos…
Lo mejor son las comunidades de vecinos. En la mía hay reuniones inútiles (dos al año, tres si hay alguna “extraordinaria”) donde todo el mundo grita, donde el administrador no hace ni un 1% de su trabajo y donde nunca se saca nada en claro. Hay morosos, hay gente que no limpia su trozo de escalera, pero esos deben ser más listos porque nunca pasa nada. Y todo el mundo tira mierda en la escalera. Me siento raro por no tirar mierda yo también. La gente piensa: ¡Ya lo limpiará quien le toque!. Tiran chicles, papeles, colillas, a veces restos de comida, de pollo, de choped… Gotean líquido pescaduno o de quién sabe qué (a veces de color rojo, a veces naranja, a veces verde) por toda la escalera (y luego limpian solo su trozo de escalera, en el mejor de los casos, como para autoexculparse…)
Y todos están normalizados aquí. Da igual que lleven varias generaciones viviendo aquí o que sean inmigrantes. La mayoría se convierten en cerdos. O ya lo eran, o se acostumbran a serlo después. Da igual. Es el mismo resultado.
Pero que nadie se lleve a engaño: No es un pueblo único en su especie. Probablemente, toda la provincia sea igual. Incluso la cercana ciudad es de las más llenas de mierda, pasmarotes, jetas y carentes de formalidad profesional que he visto…
Desde luego, como sociedad, el carácter aquí está muy marcado por esta pasividad pasmada y cerda. Es un pueblo distópico donde los haya. Hay que ponerse a salvo para no caer en la cerdería, pues aquí debe haber algún virus o algo peor… Cuando llegué, decir que me quedé con el culo torcido es decir poco. Vivo con el culo torcido. Ya no sé cómo se vive de otra manera… Una de dos: O estoy rodeado de seres de otro mundo que se han instalado aquí, o el resto del mundo somos de otro mundo y este es el verdadero y genuino género humano…
Pero como soy algo masoquista, quiero decir, tengo alma de antropólogo, mientras mi espíritu me implora que me marche, mi innata curiosidad científica me dice que dónde puedo estar mejor que aquí, rodeado de excepcionales e insólitos especímenes nunca antes vistos…
Nota: Todo es verídico. Mi inventiva no da para tanto… Me reservo el nombre del pueblo y de la provincia por razones obvias…

